sábado, 30 de julio de 2016

Para ti, robotito.

Te sientes mal porque a ti (el racional) no te duelen las peleas mientras ves como la otra persona (la emocional) sí que sufre. Para ti, que eres buena persona (aunque no te lo creas), eso no es aceptable. Así, ignorando de donde ha venido el conflicto, o quién ha hecho qué, o qué sientes tú en el fondo, callas y tragas, tiendes la mano. ¿Te suena?
A ratos pensarás "¿y yo qué?". Pero te vas a convencer de que no hay otra opción. Además , los números cuentan y convencen, cuando miras alrededor y ves que eres el bicho raro. Difícilmente vas a encontrar consuelo en alguna parte. Estamos rodeados de emocionales que se apoyan y entienden unos a otros y nos dirán, sin decirlo:
- Es que tienes que entenderle, si te ha hecho "eso" es por despiste. No todos somos como tú, no todos podemos controlarlo todo. Cometemos errores.
O bien, en el otro lado:
- Es que tienes que entenderle, si tú le has hecho "eso", le sienta mal, la inseguridad le puede y se enfada y lo paga contigo. No todos somos como tú, no todos podemos controlar nuestras emociones.
Probablemente es el mismo "eso" , cambiando solo el momento temporal y si lo haces tú o la otra persona. Debería ser lo mismo, ¿no? Pero no hay justicia que valga. Siempre debe ser responsabilidad de los "robots", los "seres fríos" , a los que "no nos afecta nada" quedarnos con el daño que causamos y el que nos causan, cargar con la culpa porque a fin de cuentas los emocionales no son responsables de lo que hacen, dicen o hieren.
El problema es que nosotros mismos nos lo creemos. Pensamos que las emociones nos salen gratis. Vemos a la otra persona sufrir y nos apaciguamos aunque nosotros aún estemos heridos. Tragamos golpes y hachazos, nos dicen barbaridades, nos deshumanizan... y lo justificamos todo como se justifican los emocionales: "no es culpa suya", "ya, pero lo pasa mal". Y seguimos pensando que nuestras emociones están controladas y estables.
Tengo una mala noticia: aunque seamos más duros y más estables, nosotros también somos emocionales. Todo eso rasca, pica, duele, acaba haciendo brecha y nuestro propio autocontrol no nos lo deja ver. Nos hemos confiado porque nos conocemos bien, porque efectivamente controlamos mejor las cosas, pero cometemos el error de pensar que somos invulnerables. No nos damos cuenta que , al creernos que siempre somos nosotros los que hacemos daño, que manipulamos, que no sufrimos... Nos estamos hundiendo la autoestima. Nos creemos que somos disfuncionales. Y de vez en cuando, pum. Al suelo. Estallamos emocionalmente, de forma descontrolada, aumentado por el hecho de que nos hemos vuelto incapaces de lidiar con algo tan fuerte dentro de nosotros. Sálvese quien pueda.
Espero que lo que voy a decir ahora te suene a exageración y que nunca lo hayas vivido: Cuanto más racional eres, mejor puedes controlar las emociones "superficiales", pero peor las profundas, las crisis, porque te has protegido tan bien que casi nunca llegas a esas. Pero hay veces que a fuerza de tragar, llegas al fondo. Y si sigues forzando el control emocional, será tu cuerpo el que busque salidas. Puede ser llorando, gritando, entrando en un estado de desconexión emocional que te deja medio catatónico. O puede ser buscando una forma de transformar ese dolor que te invade y no sabes manejar en dolor físico, que es algo que puedes ver y entender. Arañazos, heridas, pensamientos negros. Si llegas a este punto, busca ayuda. De verdad.
Con el tiempo he aprendido una serie de cosas. Las comparto por si pudieran ayudar. Por puntos...
1. Eres humano. Tienes tu integridad y dignidad, y tienes que mantenerlas a salvo. No permitas que te ataquen, insulten o hagan daño voluntariamente. Corta eso de raíz. Tampoco estás ayudando a la otra persona si se lo permites. No dejes que se desahoguen contra ti
2. Tus emociones valen tanto como las de cualquiera. Tras una discusión, pelea, pon tus emociones en la balanza, tus actos y tus palabras y, analízate como si estuvieras analizando a otra persona cuyas emociones te importasen. Te puede sorprender el resultado.
3. Controlar las emociones y las palabras es una virtud, no un defecto. Que seas así ha ayudado incontables veces a que las cosas no se fueran de madre. Estate orgulloso. Si más gente tuviera inteligencia emocional, irían mejor las cosas.
4. No estás solo. Apóyate en alguien que te conozca bien y sepa cómo te manejas por dentro. Que sepa cómo te sientes de verdad y sepa detectar los síntomas de que esta vez te han hecho daño. Cuéntale las cosas, usa una válvula de escape. Si no lo tienes, escribe. Por supuesto, hazle saber a tu "emocional" como te sientes. Por lo que mas quieras, no te quedes todo dentro.
6. Finalmente, ten compasión. Porque a pesar de todo, el haber aprendido con esfuerzo a manejarnos nos da cierta "ventaja" que tenemos que usar por el bien de los dos. Manten la mente clara, guia la discusión, intenta calmar a la otra persona y ayudarla a que sufra menos. Pero nunca renuncies a todo lo demás.
Para ti, racional, que me lees. Si algo de todo esto te ha servido, me alegro.
Para ti, emocional, que te has sentido identificado porque conoces a alguien así y quizás ahora le entiendas un poco más. Cuídanos un poco. Aunque no lo demostremos siempre, también somos humanos.

jueves, 26 de mayo de 2016

23:49

Tamborilean mis dedos en tu espalda, amanece la ventana. Niña, no te hagas la dormida, ya agotamos las mentiras de sal ayer. Otros cien días, cien brisas que han revoloteado por la habitación, y la primera hoja que se cuela y baila.

El mismo vestido que ayer arrastrabas por la orilla, caminando de madrugada, descansa desmadejado en la esquina. Quitabas arrugas de mi camisa -¿no te planchas nunca la ropa? - claro que no.

Pende la duda un momento sobre nosotros.Pero hay otras cien sombras en la habitación que saben la respuesta. Hace frío ya.

domingo, 17 de abril de 2016

1:25

No se puede escribir sobre el desamor estando en pareja, como no se puede escribir sobre el amor sin estar enamorado.

Tenemos que amar las imperfecciones, son las enseñanzas de segunda vuelta. Pero, ¿hasta donde? Para mí siempre ha sido una cuestión de admiración y respeto. Nunca lo he sentido hacia los que pisan, arrasan u oprimen. Debes amar a alguien a pesar de ver lo peor de esa persona, pero ¿y si lo peor va dirigido hacia ti? ¿Miles de años y a nadie se le ha ocurrido refinar una guía en la vida? Una única, universal. Con un sistema de alertas y puntuaciones y reglas. "Si ocurre esto, es un strike". Tres y a la calle.

Y al menos podríamos dejar constancia sin necesidad de grabarnos la piel.

jueves, 11 de febrero de 2016

Jean-Jacques Goldman - Quand Tu Danses





Alguien tiene que mantener la luz encendida




jueves, 24 de diciembre de 2015

Sirena

Si no te veo, te imagino.

Me sintonizo en tu alegría para poder escribir(te). Dicen "hay chicas de medio metro que caminan por el mundo como ciclopeos monumentos y otras, que miden algo más, restan centimetros bajo sus pies". Se olvidaron de las que crecieron altas y fuertes, que aún contentas con ello se calzan sus tacones y salen a hacer el vendaval. 
 
Todavía no te veo, pero ya me haces imaginar otoños soleados. Dice la mariposa de tu hombro: "este año el verano no morirá". 

Patada y al suelo

Los enemigos son útiles.

Arranque más que tópico, pero este es uno de esos pensamientos que se habrán repetido - y plasmado - demasiadas veces, reaprendido por otras tantas personas. Me toca.

Los enemigos son útiles cuando te hieren. Te muestran, metiendo el dedo y hurgando, exáctamente donde tienes el agujero. Un crash test dummy con personas. Sin piedad ni paños calientes, te dicen tus errores y defectos claramente. Te los gritan y estrellan en la cara más bien. Magnificados, probablemente, pero no menos reales. Y mejor, te dicen qué es lo que te duele, donde te pueden hacer daño. Haciéndotelo.

Si sobrevives - y claro que lo haces, aunque sea tras un tiempo con la mirada perdida desde el fondo del pozo-  es una vacuna.

A veces es como un directo en la cara (¿he dicho ya que no me iba a currar la entrada?) que te hace saltar la muela podrida. Duele. Duele de verdad. Y te cagas en su puta madre por haberlo hecho así. Pero ya está fuera. Has sacado lo que tenías que sacar, te han pisado en el proceso, pero se acaban las tonterías.

Ahora depende de uno arreglarse, zurzirse y que no vuelva a pasar.

Suma y sigue

Creo que llevo un año en las capas superficiales de la vida. Nada duele de verdad y consecuentemente, nada alegra de verdad. La felicidad superficial se disfruta más que pesan los dolores ligeros, así que el balance es bueno... pero irreal. Como haber vuelto a una burbuja, a la cueva primordial donde es todo luz tenue y calor templado.

Romances pasajeros, con intensidad que no rompe por dentro y heridas de las que desembarazarse apretando el paso. Donde no me importa si te quedas o te vas.

Pienso a veces que solo tengo algo real, y es una bolsa debajo de la cama con decenas de recuerdos. Si la abro por error (o por idiota) se esfuman las dudas. Cuando he pensado que me había insensibilizado, que el cinismo era ya parte de mí, me ha bastado con abrirla para sentir el arañazo por dentro, el dolor de verdad. Cierta alegría masoca, de estar vivo. La pena es que acto seguido pierdo los colores, las ganas y todo lo demás. Ya ni me apetece jugar.

Suma y sigue